Caminos cruzados

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No es la primera vez que tengo esta sensación, ni será la última, pero la sonrisa no se me borra de la cara. El corazón se me acelera, el estómago se me encoge con sólo leer tu nombre. Pienso a todas horas en ti y no entiendo el por qué, o prefiero no pensarlo. Ya he sufrido suficiente, no quiero volver a pasar por lo mismo, no soportaría volverme a equivocar.

Tras despertarme varias veces, y llevar ya media hora mirando al techo, decido levantarme. Pienso en lo que he soñado, en lo cerca que te he tenido. Qué bonitos son los sueños y que dura la realidad, pero no por eso voy a dejar de sonreír ni buscar la felicidad, aunque no sea a tu lado.
Me miro en el espejo, me noto cansado aun habiendo dormido más horas de lo habitual. Llevo mucho sin descansar, son demasiadas cosas en mi cabeza, y entre ellas estás tú. Deberías ser a lo que menos importancia tendría que dar, pero no es así, ni si quiera los problemas en mi familia me hacen olvidarme de ti, sino que me hacen querer verte más y refugiarme en ti. Sólo con verte mi día se arregla. Miro tu foto y un escalofrío recorre toda mi espalda, veo tu sonrisa y automáticamente sale la mía. Ya estoy listo para un nuevo día.

Antes de seguir, volveré a donde se inició todo, el principio de esta historia, aunque no sé cómo ni cuándo comenzó. Hace tiempo que te conozco pero jamás hubiera podido imaginar lo que ibas a ser para mí. Desde hace tiempo tu presencia en mi vida ha ido ganando importancia. Pasar de la amistad al amor, no hay cosa más dolorosa cuando no es correspondido de la misma manera, aunque sigo sin saber lo que siento de verdad, sólo el tiempo me ayudará a aclarar mis ideas.