Rupturas sin aviso

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El corazón que se rompe por las mismas grietas que una vez y otra y otra lo hizo, para no saber si volverá a recomponerse y a volver a latir con fuerza.

Un adiós susurrado que desgarra los trozos del marchito corazón, un adiós que dice gritos “quédate”.

Una mano ya vacía, sin dedos que entrelazar ni caricias que dar, que temblorosa se agarra al borde del precipicio para no volver a caer.

Una rutina de pasos sin dirección ni sentido, con una brújula rota en la mano de la que eras el norte y ahora gira sin control.

Una vida que hoy se para, se agota, se pierde sin saber si volverá a encontrar su luz, su ángel.